El jóven de 32 años fue apropiado por un ex integrante de la Fuerza Aérea que se encuentra prófugo. Se negó a entregar voluntariamente material para el ADN, pero la justicia ordenó la requisa de sus prendas. Nació en la ESMA.
En conferencia de prensa desde la sede porteña de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto anunció ayer al mediodía la recuperación del nieto número 102 por parte de la organización de Derechos Humanos. Se trata del hijo de María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein, ambos desaparecidos durante la última dictadura militar, quien nació en cautiverio en la ESMA en noviembre de 1977.
“Vamos a dar otra buena noticia, otro nieto recuperó su identidad”, inició la conferencia Carlotto, que hizo la presentación rodeada de Abuelas, nietos recuperados y del secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. Si bien aclaró que no difundirá su identidad, ya que el joven se opuso al proceso judicial, aseguró esperanzada: “En corto plazo, va a encontrar ese abrazo con su familia y sobre todo con su abuela, Nelly Cecilia Wuiovich de Tauro, quien vive en Mar del Plata, pero no está bien de salud y que, como decimos las que todavía no hemos tenido la suerte de encontrar a nuestros nietos, queremos abrazarlos antes de irnos de este mundo.”
Según informó Abuelas, el viernes pasado el juez federal Rodolfo Canicoba Corral le comunicó formalmente a los abogados del joven el resultado positivo (99,99%) del entrecruzamiento de información genética que realizó el Banco Nacional de Datos Genéticos, luego de un ir y venir judicial que llevó más de ocho años.
En un caso similar al de Marcela y Felipe Noble Herrera, el joven de 32 años se negó a entregar muestras de sangre y saliva de manera voluntaria para realizar el análisis de ADN, por lo que el 10 de junio de este año Canicoba Corral, en una medida de último recurso, lo citó a su despacho y ordenó una requisa de cuatro prendas de ropa (medias, calzoncillo y remera) que luego utilizó el Banco para determinar su identidad.
Las comparaciones con el caso Noble no son arbitrarias. Luego de dos intentos del juez (en 2003 y 2007) por realizar una extracción compulsiva de sangre, ambos rechazados por la Corte Suprema, en 2008 Canicoba Corral ordenó un allanamiento en la casa donde se secuestraron dos cepillos de dientes y dos calzoncillos, pero obtuvo resultados negativos. Abuelas denunció que el oficial a cargo de ese operativo es el mismo integrante de la Policía Federal que encabezó el allanamiento a la casa de los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble y que concluyó con ocho prendas contaminadas por ADN de varias personas. “Se fraguó todo, igual que en el caso de Herrera de Noble, o sea que hay complicidad de la Policía Federal”, aseguró Carlotto. El que estuvo a cargo de ambos operativos fue el subcomisario Carlos Garaventa, quien fue separado de su puesto la semana pasada por orden del ministro de Justicia, Julio Alak, a partir de la denuncia de Abuelas (ver aparte).
La causa se inició con la denuncia de Nelly Tauro, madre de María Graciela Tauro y abuela del joven recuperado, que es representada por la abogada Alcira Ríos. El apropiador, que durante la dictadura se desempeñó en la Fuerza Aérea en la Regional de Inteligencia Buenos Aires (RIBA), se llama Juan Carlos Vázquez Sarmiento y se encuentra prófugo de la justicia desde el 3 de octubre de 2006. “El nieto 102 salió de la ESMA en manos de este criminal. Es parte del aparato represivo”, opinó Carlotto.
Como figura en la causa, el militar retirado Julio César Lestón confesó que participó del operativo de detención de Graciela Tauro, que estuvo en cautiverio primero en el centro clandestino Mansión Seré y, pasados unos días, en la comisaría de Castelar, donde la trasladó él personalmente.
El mismo testigo agregó que “supo que las criaturas de las detenidas embarazadas –cuyos partos se efectuaban en la ESMA– se entregaban a distintas familias del personal de Fuerza Aérea”, y recordó que entre los que fueron favorecidos se encontraban el acusado y Francisco Gómez, con el hijo de Patricia Julia Roisinblit, la hija de Rosa Roisinblit, vicepresidenta de Abuelas.
“Respetamos su identidad, aunque sea falsa, y está en manos de la justicia para que recupere su documento verdadero”, dijo Carlotto, y señaló que el acercamiento con su familia deben hacerlo sus propios familiares, que estarán asistidos por la Comisión Nacional para el Derecho a la Identidad (CoNaDi), que tiene equipos de aproximación para acercarse a esos jóvenes.
fuente : http://tiempo.elargentino.com/notas/las-abuelas-anunciaron-nieto-102-logro-recuperar-su-identidad
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El documento es de una persona que no existe –dijo Estela Carlotto– porque existe otra persona que va a tener que recuperarlo, y eso es obra de la Justicia.” La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo presentó así la noticia de la recuperación del nieto número 102. Un caso que no es sencillo, dijo, porque el joven no aceptó hacerse voluntariamente los análisis genéticos. Después de muchos años y de varios fallos judiciales, confirmaron finalmente que es hijo de María Graciela Tauro y de Jorge Daniel Rochistein, dos militantes de Montoneros secuestrados el 15 de mayo de 1977. El joven, del que no se dijo su nombre, no estuvo en la casa de las Abuelas para la conferencia de prensa. Hubo un dato en la causa que fue especialmente subrayado en Abuelas: la existencia de un allanamiento donde se fraguaron las pruebas con la intervención del mismo comisario que actuó en otros casos similares, como el de los hermanos Herrera Noble. “En el fondo, él desea saber quién es”, dijo Estela. “Y va a seguir amando a quien quiera.” Las Abuelas, siguió, “no pueden decir como dicen livianamente algunos miembros del Poder Judicial cuando dicen ‘pobrecitos’, ‘déjenlos’”, explicó. “Este es un derecho de acción pública: si las Abuelas dicen ‘pobrecito’ están encubriendo un delito, siendo parte, siendo cómplices, por eso tenemos que llevarlo a la Justicia.”
La sala de la sede de Abuelas estaba repleta de cámaras, micrófonos de televisión y voces de cronistas de tonos extranjeros. “Estamos en un país en democracia –explicó Carlotto cuando le preguntaron por el rol de los medios–, donde no tenemos que tener miedo para hablar de una situación que no está resuelta. Los medios pueden ser portadores de la verdad o pueden ocultarla.”
Las Abuelas mencionaron la historia de la causa del nieto 102, pero sobre la identidad del joven apropiado señalaron pocos datos. El joven se crió como hijo natural de un integrante de un grupo de tareas de la Fuerza Aérea, la fuerza de seguridad que mantuvo secuestrada a su madre en Mansión Seré desde donde la llevaron a dar a luz a la ESMA. Anoche, un cable de la agencia DyN divulgó el nombre del comodoro –prófugo de la Justicia desde hace años– que sería el apropiador del nieto recuperado. Pero, como solicitaron las Abuelas, Página/12 no lo dará a conocer para no obstaculizar el proceso de adaptación del joven a su nueva identidad.
Sus padres eran María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein. Ella era “La Gracie” entre sus familiares. Vivía en Bahía Blanca, tenía una hermana más chica, un padre tornero de los talleres del ferrocarril y propietario con su mujer de un quiosco de barrio. María Graciela estudió Bioquímica en la Universidad Nacional del Sur hasta tercer año, viajó a Buenos Aires, trabajó de empleada en una fábrica, era militante de la JUP y luego de Montoneros. Para sus compañeros era Raquel, Chela o Queda. Y era muy linda, dijo Estela, “tenía el cabello oscuro y ondulado”.
Jorge estudió Ciencias Económicas en la misma universidad. Su padre tenía una fábrica de carteras en Coronel Suárez, que luego mudó a Bahía Blanca. Jorge militaba en Montoneros. Entre sus compañeros era El Hippie, Ricardo o Iricardo. Los dos se conocieron durante los años de militancia, se casaron el 30 de enero de 1976 en Buenos Aires, y con los primeros meses del golpe estuvieron en el Gran Buenos Aires. Cuando los secuestraron, el 15 de mayo, ella llevaba cuatro meses y medio de embarazo. Pasaron por la Comisaría 3ª de Castelar, ella estuvo en el centro clandestino de Mansión Seré desde donde la llevaron a la ESMA. En noviembre de ese año dio a luz a un varón, asistida por el médico militar Jorge Luis Magnacco.
Según consta en la causa judicial, a ambos los ejecutaron en forma sumarísima durante un enfrentamiento fraguado de guerrilleros con militares, un procedimiento habitual en la época.
De lo que pasó después, Abuelas casi no dio información. La investigación para recuperar al niño se inició hace unos diez años por los datos de un represor, parte del grupo de tareas donde operó el apropiador del niño. Esa persona estuvo con María Graciela y pudo contar quién se llevó a la criatura. Su testimonio sin embargo cobró valor porque aportó además los datos de otro niño apropiado. Era el caso de Guillermo Francisco Gómez, que rápidamente se demostró que era nieto de Rosa Roisinblit. Ese apropiador, dijo Estela, “se animó por primera vez a hablar, cosa que ojalá todos los que participaron de la represión hicieran. Rosa lo supo hace ya diez años, en este caso demoró más porque el caso era mucho mas difícil”.
Como el joven se negó a realizar el estudio de ADN, el caso llegó a la Corte Suprema que se expidió contra la extracción obligatoria. Como sucede con el caso de los Noble Herrera, el tribunal consideró que se podían utilizar medidas alternativas para obtener la información genética. La causa estaba en manos del juez Rodolfo Canicoba Corral, quien ordenó un primer allanamiento para obtener muestras de sus objetos personales. “Como también sucedió en otros casos –explicó la presidenta de Abuelas–, las muestras fueron fraguadas y resultó imposible reconstruir el perfil genético.”
Los imputados supieron entre tres y cuatro días antes que se iba a hacer ese allanamiento. De acuerdo con los datos de la causa, le dieron a la Justicia un cepillo de dientes de la apropiadora. Canicoba volvió a convocar al joven. Esta vez, él mismo le compró ropa, ordenó el secreto de sumario y se aseguró de llamarlo después de un día de trabajo. Lo convocó a su despacho y presenció el momento en el que se quitaba y cambiaba la ropa para asegurarse de que no hubiese otro error.
Cuando le preguntaron a la presidenta de Abuelas por esa medida y la relación con el caso Noble Herrera, ella respondió: “La Justicia debiera ordenar la extracción como lo hizo Canicoba”.
Pero las Abuelas mencionaron otro dato. El allanamiento que ordenó Canicoba se hizo en mayo de 2008 y estuvo a cargo del subcomisario Carlos Garaventa de la División de Seguridad de Estado de la Policía Federal. En mayo de este año, Garaventa intervino en el allanamiento de los Herrera Noble. “Casualmente –dijo Estela–, en ambos procedimientos intervino el mismo jefe policial”. Garaventa fue separado de la fuerza el mes pasado (ver recuadro)
Con el avance de las investigaciones en Abuelas, ahora se sabe además que esa misma división estuvo a cargo de otro procedimiento fraguado en el año 2006 en el marco de la causa por la apropiación de Alejandro Sandoval Fontana por el gendarme Víctor Rei. Alejandro estaba ayer en la sede de Abuelas. En su caso, la policía llamó 48 horas antes a su apropiador para avisarle del operativo. Rei llamó a Alejandro a Campo de Mayo para que pase a buscar un cepillo de dientes suyo, un peine, una remera y una toalla. Elementos a los que sumó además el cepillo de dientes de un hijo biológico con la intención de fraguar los resultados. Alejandro declaró sobre el allanamiento hace dos meses en el juzgado de Sandra Arroyo Salgado, a cargo de la investigación de la causa Noble Herrera. Pero declaró en una causa paralela.
“Permitime, que quiero decir una cosa”, le pidió a Estela el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. “En este caso, con todas las dificultades que tuvo, se llegó a saber la verdad: eso nos fortalece la idea de que a pesar de todas las medidas dilatorias la Justicia va a avanzar”, concluyó.
fuente : http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-153531-2010-09-21.html
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